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Enfoque global y diversificación en divisas para una gestión de renta fija global

Enfoque global y diversificación en divisas para una gestión de renta fija global

Blanca Comín, Responsable de Ventas de Redes de Distribución de Amundi Iberia.

Blanca Comín, Responsable de Ventas de Redes de Distribución de Amundi Iberia.

La renta fija global puede ofrecer, también hoy, oportunidades para aquellos inversores preparados para adoptar un cuidadoso enfoque estratégico y táctico.

Y es que los inversores en renta fija con una política centrada únicamente en sus mercados domésticos podrían aspirar a mejorar su rentabilidad ajustada al riesgo tomando una visión macroeconómica global. Ahí pueden encontrarse oportunidades a través de diferentes países y regiones cuyas economías, negocios y divisas se comportan de forma poco correlacionada por estar en ciclos muy distintos. En un universo de inversión global, la deuda pública, el crédito corporativo y las divisas pueden ofrecer interesantes rentabilidades pero no necesariamente en “tándem”, es decir, no necesariamente todas a la vez. Además, la gama de instrumentos derivados disponibles hoy en el mercado permiten desvincular ciertos activos desde un punto de vista de riesgo y tomar decisiones para capturar rentabilidades minimizando al mismo tiempo los aspectos menos atractivos de dicha inversión. Por ejemplo: un inversor puede querer beneficiarse de la rentabilidad ofrecida por un bono de gobierno de determinado país, pero cubriendo el riesgo divisa que podría lastrar la rentabilidad. O al contrario, un bono puede no ser atractivo en términos de rentabilidad, pero la divisa en la que esta emitido puede ofrecer potencial. Una tercera posibilidad es que ni el bono ni la divisa ofrezcan potencial y nos queramos posicionar  cortos en ambos.

En cuanto a las divisas, es importante mencionar que su gestión activa puede ser una fuente de rentabilidad adicional descorrelacionada con otros activos. Por ejemplo: la devaluación del renembi en China el pasado mes de agosto siguió a la caída del 26% del euro respecto al dólar entre junio 2014 y marzo 2015 al anticipar los mercados el Quantitative Easing del Banco Central Europeo; y a la caída del 35% del yen frente al dólar entre septiembre 2012 y diciembre 2015 con el Quantitative Easing adoptado por el banco de Japón. Estos notables cambios representan una fuente importante de rentabilidad adicional para un fondo global de renta fija que puede implementar posiciones activas en divisas, especialmente cuando los tipos de interés se sitúan a niveles tan bajos.

Y es que los inversores hoy tienen que cambiar el enfoque. Los yields de los bonos están en mínimos seculares. Y nos encontramos ante ciclos económicos divergentes: por un lado, algunos bancos centrales como el BCE y el Banco de Japón están a relajando sus políticas, mientras que se esperan subidas lentas de tipos en los próximos años por parte de otros bancos centrales como la Fed y el Banco de Inglaterra. En esta situación, para generar rentabilidad, los inversores necesitan enfocarse hoy en oportunidades de valor relativo o de alfa. Y la gestión activa de la divisa es una importante herramienta adicional que fortalece la capacidad del gestor para generar mayor rentabilidad o alfa.

Combinar una gestión activa de la divisa con otras estrategias de inversión incrementa la diversificación de la cartera mejorando su rentabilidad potencial ajustada al riesgo. Las divisas, a diferencia de los bonos o las acciones, son un instrumento puro de valor relativo y tienen baja correlación con la rentabilidad de los mercados globales de bonos.

Pero el éxito de una gestión activa de la divisa requiere un enfoque global, capaz de analizar e interpretar los desarrollos económicos y financieros en diferentes economías, al estar las divisas principalmente empujadas por  flujos de capital.

Además, el mercado de divisas puede ser en algún caso la única forma práctica de implementar estrategias macro. Por ejemplo: mercados de bonos de economías pequeñas que sean demasiado reducidos para inversores internacionales; o economías que no permitan la compra de deuda doméstica a extranjeros.

Sin embargo, la volatilidad del mercado de renta fija es típicamente mucho menor que la del mercado de divisas. Por ello es necesario contar con un sistema de control del riesgo que pueda evaluarlo de forma adecuada para poder implementar estrategias de divisas por encima de las estrategias de renta fija sin modificar/incrementar el perfil de riesgo del fondo.

Es lo que hacemos en nuestra estrategia Global Aggregate. Para empezar, decidimos qué nivel de riesgo queremos implementar en el fondo según las convicciones que tenemos. Luego, asignamos este riesgo entre las varias clases de activos del universo de inversión (deuda soberana, crédito y divisas), asegurándonos de que en ningún momento ninguna de estas 3 clases represente más de un 50% del riesgo total de la cartera. Así, buscamos un uso de la divisa que no añada riesgo a la cartera, sino que lo reduzca al diversificar las fuentes de rentabilidad de nuestro fondo.

 

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