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¿Te has parado a pensar cómo puede afectar un huracán o una sequía al precio de las materias primas?

¿Te has parado a pensar cómo puede afectar un huracán o una sequía al precio de las materias primas?

En muchas ocasiones miramos el tiempo va a hacer para decidir cuál va a ser nuestro próximo destino o para saber si tenemos que meter un jersey en la maleta. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar cómo afecta el clima a la economía. A priori, cualquiera puede asociar el buen clima a una buena temporada de turismo, o un desastre natural a las indemnizaciones que tienen que pagar las aseguradoras. Pero además, la meteorología puede hacer variar el precio de cosas tan básicas como los alimentos o la gasolina. ¿Sabías que invierno más frío de lo previsto hace que se encarezca el precio del gas, o que una sequía en EE.UU. puede elevar el precio del trigo?

Al igual que ocurre en el mercado de renta variable, las materias primas también incluyen una gran variedad y el comportamiento de las mismas depende de distintos factores, en función de sus particularidades y características.

Las materias primas reaccionan a distintos impactos, como puede ser la evolución del dólar, el momento del ciclo o la estacionalidad. Este tipo de variables son las que determinan el comportamiento del precio, que se rige por la ley de la oferta y la demanda del producto.  En el caso del dólar, se relaciona más con materias primas como el petróleo, aunque el razonamiento sería extensible a otras materias primas. Las materias primas se compran en dólares, por lo que una apreciación del mismo implica que se encarece el precio al que se pueden adquirir y esto presiona a la baja la demanda.

Por otro lado, hay algunas materias primas que son más sensibles al ciclo, mientras que en otros casos nos encontramos ante una relación oferta-demanda más inelástica. Así, por ejemplo, el petróleo volvería a servir de ejemplo, ya que una ralentización económica puede traducirse en una menor demanda de la materia prima.  En cambio, en otros casos la correlación con el ciclo económico es mucho menor (cacao, algodón, carbón…).

En general, las materias primas agrícolas son las más descorrelacionadas con el ciclo económico, y dependen más de otros factores como el clima. En este sentido, se atiende más al componente de estacionalidad.  Así, ¿qué puede afectar al comportamiento de las materias primas agrícolas (azúcar, cacao, café, trigo, arroz, soja, cerdo…)? Obviamente, es fundamental el equilibrio entre la oferta y la demanda; uno de los argumentos por los que a largo plazo suele apostarse por este sector es bajo el argumento del incremento de la población y de la posible escasez futura de algunos alimentos.

Por otro lado, en este tipo de materias primas influyen mucho el momento del año en el que estemos y las condiciones meteorológicas.  Un mal año de cosechas puede encarecer sustancialmente el precio de la materia prima, y viceversa.

Un ejemplo claro de estacionalidad lo vemos en el caso de la soja, que se produce en algunas regiones con cambios bruscos de clima. Por tanto una correcta predicción de sequías o inundaciones puede traducirse en importantes beneficios a la hora de apostar por esta materia prima.

Este factor estacional no solo se aprecia en las materias primas agrícolas. También en la energía es así; un invierno frío supondrá un incremento en el consumo de gas, mientras que temperaturas cálidas actuarán en sentido contrario. Así, previsiblemente habrá un aumento de gas en los meses invernales y un descenso en el periodo estival.

En el precio del petróleo juega un papel importante la temporada de huracanes, que dura de junio a noviembre y que puede llegar a tener en jaque a una zona como el Golfo de México, donde operan gran cantidad de refinerías.

En resumen, atendiendo a la estacionalidad un inversor puede llevar a cabo estrategias de inversión en materias primas. Por ejemplo, si prevemos un año de sequía cabría esperar un repunte del precio del trigo en verano; si esperamos un año muy frío podríamos adelantarnos y comprar futuros de gas u operar a través de CFDs apostando por una subida de su precio.

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