La importancia de diversificar nuestras inversiones

La diversificación es un método para reducir el riesgo de nuestra cartera mediante la inversión en diferentes activos. Su principal objetivo es mejorar la rentabilidad que obtenemos en relación al riesgo que asumimos. Invirtiendo en activos que reaccionen de forma diversa a posibles futuros escenarios, podemos evitar situaciones extremas en nuestra cartera.

Aunque la diversificación no asegura que no vayamos a perder dinero, es una de las principales herramientas que podemos utilizar para mejorar la relación rentabilidad/riesgo de nuestras inversiones a largo plazo.

Diferentes tipos de riesgo

Principalmente podemos distinguir entre dos tipos diferentes de riesgo: diversificable y no diversificable.

El riesgo no diversificable, también llamado riesgo sistémico, es aquel que se asocia al mercado en su conjunto. Es un riesgo que no afecta a ninguna empresa o activo en concreto, sino que cuando se produce afecta a todos los activos de un mercado. Ejemplos de este tipo de riesgo serían subidas de tipos de interés, inflación, guerras, cambios de gobierno, etc. En definitiva estamos hablando de un tipo de riesgo que el inversor debe asumir como inherente a la actividad de invertir. No podemos eliminar este riesgo mediante la diversificación.

El riesgo diversificable, también conocido como riesgo no sistémico, es el riesgo específico a cada empresa o activo en los que podemos invertir. Las fuentes más habituales de este tipo de riesgo son el riesgo empresarial y el riesgo financiero de quiebra de un activo específico. Como inversores prudentes, podemos utilizar la diversificación para limitar el impacto que pueden tener este tipo de eventos sobre el conjunto de nuestras inversiones.

¿Por qué debemos diversificar?

Pongamos por ejemplo que tenemos una cartera compuesta exclusivamente por acciones de empresas del sector turístico. Si se anuncia públicamente que va a haber una huelga laboral de algún tipo que afecte el sector, las cotizaciones de nuestra cartera pueden caer de manera inesperada.

Si por el contrario, hemos añadido a nuestra cartera algunas acciones de empresas de otro sector sin ningún tipo de relación (por ejemplo empresas tecnológicas, o farmacéuticas, etc.), el anuncio de la huelga sólo tendrá impacto sobre la parte de nuestra cartera vinculada con el turismo.

Los estadísticos hablan de correlación. Cuando la cotización de dos activos se mueven en la misma dirección y en la misma proporción, decimos que los activos están correlacionados. Una buena diversificación persigue construir una cartera con activos que no estén altamente correlacionados entre sí, de manera que la volatilidad de la cartera en su conjunto sea baja. Como norma general, cuanto menos correlacionados estén los activos que integran nuestra cartera, mejor. Esto es lo mismo que decir que es importante tener una cartera diversificada.

Esta menor correlación, o diversificación, la podemos buscar de muchas formas. Diversificar entre diferentes clases de activos, como por ejemplo renta fija y renta variable, puede ser una buena forma para reducir la volatilidad de nuestra cartera. Una buena combinación de activos reducirá la sensibilidad de nuestra cartera a los vaivenes del mercado.

Históricamente la forma tradicional de diversificar nuestro patrimonio para evitar la volatilidad inherente a la renta variable ha sido la de mantener parte de nuestro patrimonio en instrumentos de renta fija. El porcentaje que conviene tener de renta fija y renta variable en nuestra cartera depende mucho de cada caso y de cada perfil de riesgo. Las claves para tomar una decisión de este estilo están en entender que la renta variable ha sido más rentable a largo plazo, pero más volátil, mientras que la renta fija históricamente ha sido más estable, pero ha ofrecido peor rentabilidad.

¿Cuántas empresas debería de tener en cartera? ¿Qué número me aporta suficiente diversificación?

Por todo lo que hemos visto, es fácil comprender que si buscamos una buena relación riesgo/rentabilidad es mejor tener en cartera cinco empresas que una. Sin embargo, es posible que llegue un punto en el que más empresas no necesariamente aporten suficiente beneficio con respecto a la diversificación como para justificar el coste de dedicarles tiempo y atención. Una cartera con miles de acciones puede ser laboriosa y costosa de mantener. Afortunadamente hoy en día podemos utilizar múltiples activos, como por ejemplo fondos de inversión o ETF para obtener una extensa diversificación a muy bajo coste.

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Conclusión

Una de las decisiones importantes que tomamos como inversor es la de diseñar una estructura de cartera que se adecúe a nuestras necesidades y características. El grado de diversificación que escojamos es una de las partes más importantes a tener en cuenta. La diversificación es una de las herramientas más efectivas de las que disponemos para controlar riesgos inherentes a algunos activos financieros, y obtener una cartera adecuada a nuestro perfil de riesgo.

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