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¿China adelanta a Estados Unidos como la nación más rica del planeta?

CHINA

La riqueza global se ha triplicado en los últimos veinte años gracias a los avances de China. De hecho, hay informes que ya apuntan a que Beijing supera a Washington como la nación más rica del planeta.

Somos ahora más ricos de lo que lo hemos sido nunca

Esta es una de las principales conclusiones de McKinsey & Co., que revisa los balances de diez países que representan más del 60% del Producto Interior Bruto del mundo. Son China, Francia, Japón, Australia, Suecia, Canadá, Alemania, México, Reino Unido y EE.UU.

Somos ahora más ricos de lo que lo hemos sido nunca”, concluye Juan Mischke, de McKinsey Global Institute en Zurich y uno de los autores del informe.

El estudio revisa la economía global tras 20 años de turbulencia financiera y diez de intervenciones monetarias por parte de los bancos centrales, más la pandemia. Para ello mira la evolución del PIB de esos diez países.

Su conclusión es que el vínculo histórico entre el crecimiento de la renta media y el crecimiento del PIB ya no se sostiene. Mientras que el crecimiento económico ha sido reducido las últimas dos décadas en las economías avanzadas, los balances y los patrimonios se han triplicado.

Esta divergencia surgió al elevarse los precios de los activos, pero no tanto debido a las megatendencias como la digitalización o a los activos intangibles como el software, las patentes o la propiedad intelectual, sino a través de los activos inmobiliarios, que suponían en 2020 dos tercios del patrimonio neto y que se vieron impulsados por los bajos tipos de interés.

Cifras globales que reflejan el aumento de la riqueza global

Entre 2000 y 2020 los balances globales y los patrimonios se triplicaron: crecieron desde los 440 billones de dólares o unas 13,2 veces PIB a 1.540 billones en 2020, mientras que el patrimonio global creció desde 156 a 510 billones.

El patrimonio per cápita medio es de 66.000 dólares, pero existen grandes diferencias entre países y todavía más entre los hogares dentro de una misma economía. En concreto se situó entre 46.000 dólares de México y 351.000 de Australia (86.000 en China y 272.000 EE.UU.).

El patrimonio se situó entre las 4,3 veces PIB en Estados Unidos y las 8,2 veces PIB en China, con 7,7 veces en Francia y 7,2 veces en Japón por la parte alta de la tabla, y las 4,8 veces en Reino Unido o las 5,5 veces en México en la parte baja.

China supone casi un tercio de la subida. Su patrimonio se disparó hasta 120 billones desde 7 billones de 2000, el año previo a su integración en la OMC (Organización Mundial del Comercio).

Más riqueza, pero mal repartida

Sin embargo, McKinsey apunta que —en los dos países más ricos del mundo— China y EE.UU., más de dos tercios de la riqueza está en manos de esos hogares que suponen el 10% de los más ricos y que ha crecido en estos últimos años.

Según McKinsey, los precios de los activos están un 50% por encima de su media a largo plazo relativa a la renta. Y eso pone en duda la sostenibilidad de este bum de la riqueza.

La subida en los precios inmobiliarios hace que la propiedad de una vivienda sea imposible para muchas personas y eleva el riesgo de una crisis como la de 2008. China podría sufrir un problema similar al de EE.UU. entonces, por la deuda de promotores, como Evergrande.

Según McKinsey, la solución pasa por invertir en activos más productivos que hagan crecer el PIB, pues de no ser así, en el peor de los escenarios, se produciría una caída del precio de los activos que destruiría hasta un tercio de la riqueza global, acercándola así a la renta mundial.

La operativa con productos cotizados está dirigida a inversores que deben tener experiencia y conocimientos financieros suficientes para invertir en ellos. La inversión en estos productos requiere una vigilancia constante de la posición ya que comportan un alto riesgo y se puede perder el 100% del capital invertido.

Antes de efectuar cualquier contratación, es recomendable informarse legal, regulatoria y fiscalmente sobre las consecuencias de una inversión. 

Las decisiones que cada inversor adopte, tanto de inversión como de nivel de delegación y asesoramiento, son su responsabilidad. 

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