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¿Es bueno que el petróleo suba? Efectos de la escalada del crudo sobre el crecimiento global

¿Es bueno que el petróleo suba? Efectos de la escalada del crudo sobre el crecimiento global

Casi todos relacionamos las subidas del petróleo con una mala noticia. Si se eleva el precio del crudo pagamos más por la gasolina, se encarecen los medios de transporte tanto de personas como de mercancías y con ello prácticamente todo lo que compramos. De hecho, una de las principales razones que ha llevado a la deflación en España o que el IPC apenas haya subido en la Unión Europea ha sido el desplome en el precio del petróleo, que se alcanzó especialmente entre el último trimestre de 2015 y el primero de 2016.

Pero esta no fue la única consecuencia. El precio del petróleo también lastró de manera importante las bolsas de todo el mundo. Es lógico que el efecto se note en las empresas petroleras por la caída de márgenes, no sólo en el negocio de extracción, también en la venta de combustibles. Pero su efecto se extendió especialmente a las empresas financieras, y con ello se contagió a buena parte de los mercados financieros.

¿Por qué es bueno para la economía un precio moderado del petróleo?

Para analizar bien lo que ha ocurrido debemos empezar poniendo el foco en Estados Unidos tras la recuperación de la crisis financiera. Con un precio del barril que superó los 100 dólares en el año 2011, se apostó por un programa claro para no tener dependencia energética.

Para conseguirlo, se requirió de una fuerte inversión enfocada principalmente en la producción de petróleo a través del tratamiento de arenas bituminosas, el conocido fracking. Este crudo, el llamado petróleo de esquisto, se consigue a un precio alto, a partir de unos 55-60 dólares el barril, lo que marca su línea de rentabilidad. Con un precio del barril muy superior se multiplicaron los proyectos hasta el punto que Estados Unidos se convirtió –sigue siéndolo en este momento- en el principal productor de crudo a nivel mundial. Pero todo este proceso se resquebrajó cuando empezó a caer el precio del petróleo.

 

El efecto contagio es claro. Las empresas extractoras de este tipo de crudo estaban muy endeudadas. A medida que el precio bajaba y se situaba por debajo del umbral de rentabilidad se llegó a un punto en el que se perdía más dinero extrayendo petróleo que dejando de hacerlo, y por tanto, la decisión lógica que tomaron muchas empresas fue dejar de producir. Pero sin ingresos, ¿cómo se paga la deuda?

El problema se hizo más grave cuando no sólo se rompió el precio mínimo para este tipo de extracción, sino que a medida que el crudo se alejaba de los 40 dólares por barril estas mismas dificultades se fueron extendiendo a casi todas las empresas petroleras, especialmente a aquellas que tienen sistemas más caros como la extracción con plataformas petrolíferas. Con ello, empiezan a entrar en juego más bancos y la incertidumbre se hace global.

En estos meses no hubo impagos relevantes, pero sí muchas empresas petroleras iniciaron ventas y desinversiones para tener cuentas más saneadas que permitieran en el corto plazo poder pagar sus deudas con facilidad. La falta de pago de las empresas de petróleo sobre grandes operaciones de inversión y préstamos sindicados –firmados por un consorcio de grandes bancos dada su importante cuantía- llevaría a buena parte de la banca a tener problemas muy serios, y este temor penalizó tanto a los mercados financieros como a la economía real.

Lo sano de un precio de equilibrio

¿Se mantendrá el equilibrio durante mucho tiempo? Esta es la gran duda. Muchos analistas apuestan que si vuelve a subir de los 60 dólares entrará otra vez en juego el fracking y, por la mayor producción que entraría al mercado, el precio volverá a bajar. Con ello el petróleo se movería a un nivel intermedio que puede satisfacer a oferta y demanda.  Esto sería muy positivo porque el desequilibrio de cualquiera de las partes es perjudicial para la economía. Pero con tantos actores en juego, con intereses muchas veces contrapuestos, no hay apuesta segura.