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Cómo almacenar energías renovables

Las energías renovables están cobrando cada vez un mayor protagonismo. A la preocupación por el cambio climático y la consiguiente necesidad de reducir las emisiones de CO2 se unen factores como la crisis energética y la guerra de Ucrania, que incrementan el deseo de potenciar esta alternativa.

Las renovables han aumentado mucho su participación en el mix energético, alcanzando en España el 46,6% del total en 2021, según los datos del gestor eléctrico REE. No obstante, todavía cuentan con el hándicap de ser una producción que depende en parte de las circunstancias y no se puede almacenar fácilmente, por lo que es necesario sobredimensionar la capacidad de producción con otros tipos de energía (gas, carbón…) para cubrir las necesidades cuando la generación de energía eólica se reduce.

Qué son las energías renovables

Las energías renovables se caracterizan por dos aspectos: se obtienen a partir de fuentes naturales, y se consideran inagotables, bien por su elevada disponibilidad o bien porque se van regenerando de manera continua o cíclica.

Cómo se producen

La producción renovable se basa en la transformación de otros tipos de energía en electricidad; así, por ejemplo, la energía térmica y lumínica procedente del sol se puede transformar a través de paneles solares para producir agua caliente, calefacción y/o electricidad, y otras energías renovables trasladan el movimiento del agua o del aire a otros sistemas (como las aspas de un molino, por ejemplo), que están conectados a un generador para producir corriente.

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Tipos de energías renovables

La evolución de la tecnología ha permitido el crecimiento de las energías renovables y una mayor diversificación de las mismas. Hasta hace no muchos años prácticamente sólo contábamos con la hidráulica, que generan la corriente mediante la caída del agua desde un embalse a una turbina, pero hoy en día también han adquirido una gran importancia otras, como:

Eólica

La eólica: la energía generada a través del viento es ya la principal fuente en España, con más de un 23% en 2021, según los datos de Red Eléctrica Española. Hasta ahora tiene una gran importancia la eólica terrestre, pero la energía eólica marina podría ser el futuro.

Solar

Se puede transformar de diversas maneras, bien para obtener agua caliente sanitaria y calefacción o bien para conseguir electricidad, tanto para el consumo propio como para su venta. Las grandes plantas solares pueden trabajar mediante placas que transforman la radiación del astro rey en energía eléctrica, o concentrando la luz solar mediante espejos para calentar un fluido para generar vapor que acciona un mecanismo conectado a un generador eléctrico.

Geotérmica

Aprovecha el calor interior de nuestro planeta. El núcleo de la Tierra alcanza entre 5.000 y 6.000 grados, y parte de ese calor llega hasta la corteza, por lo que puede servir para calentar un hogar o incluso para mover turbinas eléctricas; en algunos sitios, en zonas relativamente cercanas a la superficie se pueden encontrar temperaturas bastante elevadas.

Mareomotriz

Las mareas también pueden ser aprovechadas para obtener energía eléctrica a partir del movimiento genera el movimiento del agua. Dentro de esta incluso hay otros subtipos, como la que aprovecha la energía de las olas (también llamada olamotriz o undimotriz), la de las corrientes marinas, o la maremotérmica, que aprovecha la diferencia de temperaturas entre la superficie del mar y zonas más profundas.

Cómo se almacena la energía renovable

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El mayor problema que presentan las energías renovables es que pueden no estar disponibles cuando hace falta y en otros momentos podría haber un exceso. No es fácil almacenar energía eléctrica, por lo que habitualmente hay que consumirla en el momento en el que se produce.

Una posibilidad es la de exportar la electricidad sobrante a otros países, pero en el caso de España, que es una «isla energética», la interconexión con nuestros vecinos es bastante limitada, por lo que no es actualmente una alternativa viable para grandes volúmenes de energía. Respecto a los sistemas de almacenamiento, existen diversas posibilidades, algunas de ellas ya en funcionamiento y otras que podrían ser viables en un futuro más o menos cercano, como son:

  • Bombeo hidroeléctrico: básicamente es un sistema de dos embalses situados a distinta altura. Cuando sobra electricidad se aprovecha energía para subir el agua al que está más elevado, ya que este puede producir más energía cuando se necesite posteriormente.
  • Aire comprimido: Se utiliza la energía que sobra para almacenar aire a alta presión en grandes depósitos bajo tierra, que luego podrá ser utilizado para generar electricidad cuando sea demandada.
  • Supercondensadores y baterías: son dispositivos que permiten almacenar energía para luego utilizarla en momentos de mayor consumo.
  • Hidrógeno verde: el hidrógeno verde parece estar llamado a ser la energía del futuro; producir hidrógeno a partir de energías renovables ofrece muchas ventajas. De hecho, es uno de los puntales del Plan REPowerEU de la Unión Europea para ahorrar energía, reducir la contaminación y ser energéticamente independientes.

Otros problemas de las energías renovables

Otro gran problema al que se enfrentan las renovables es la elevada inversión que se requiere. Aunque han aumentado enormemente su eficiencia y hoy en día la tecnología está más probada, se requiere un importante volumen de financiación. Además, la rentabilidad obtenida puede conllevar una espera de bastantes años para recuperar la inversión.

Otro aspecto importante es el espacio que necesitan y el impacto medioambiental sobre la flora y la fauna que pueden provocar grandes extensiones cubiertas de aerogeneradores o de placas solares, o las plantas de generación marina sobre este ecosistema.

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