Es posible que te haya extrañado leerlo en alguna ocasión en la prensa económica, y no, aunque pueda sonar un tanto extraño, se refiere exactamente a lo que has entendido: una empresa puede ser accionista de ella misma.
Puede resultar chocante, pero esa situación se conoce por el término de autocartera, y precisamente indica que la compañía, del mismo modo que tú podrías hacerlo, está en posesión de un paquete de acciones de la propia empresa porque ha acudido a la Bolsa a comprarlo.
La finalidad por la que una empresa decide llevar a cabo planes de recompra de acciones puede ser diversa: bien sean para estabilizar los precios del propio mercado, para llevar a cabo acciones de retribución a accionistas, directivos y empleados, para revenderlas en un futuro o simplemente para amortizarlas en una reducción de capital, disminuyendo de este modo el número de acciones en circulación.
Por poner un ejemplo concreto, a principios de 2016 Telefónica confirmó que había aumentado su autocartera hasta disponer del 3,29% de su capital en acciones propias, aprovechando las caídas de los títulos de la teleoperadora durante los meses anteriores.
Límites legales de la autocartera
La autocartera está convenientemente regulada en la legislación española y europea, estando la misma restringida a un máximo del 5% del volumen total de acciones en el mercado o bien del 10% del capital social que se destina a la propia autocartera. Esta medida es lógica teniendo en consideración que, disponiendo de información de primera mano, no tendría ningún sentido habilitar a la propia empresa a participar en los mercados financieros de forma ilimitada.
Pero además, la entidad que lleva a cabo operaciones de autocartera está obligada a informar convenientemente a la CNMV, de modo que siempre se tendrá constancia de los aumentos y decrementos del nivel de autocartera de cada empresa que practique esta política.
¿La autocartera es positiva o negativa?
Como norma general, que la propia empresa apueste por invertir en sus propias acciones suele ser una señal que el mercado recibe con optimismo, pues suele conllevar una recuperación de los títulos no solo por el mensaje positivo lanzado, sino también por el simple hecho de, en cierto modo, reducir las acciones en circulación y, por lo tanto, la oferta.
Además, no debemos olvidar que si una compañía decide destinar parte de su capital en comprar acciones propias muy probablemente disponga de una mayor información como para determinar que, en el momento en el que está llevando a cabo esa operación, sus títulos están “baratos”.