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La inflación en los diferentes países

En una situación como la actual en la que las decisiones de los bancos centrales están marcando en buena medida la evolución de los mercados, es interesante analizar en qué situación se encuentran los IPC de los diferentes países.

Partimos de la base de que la estabilidad de precios suele ser el mandato principal de los bancos centrales. Ese es el motivo por el que las decisiones sobre la subida o bajada de los tipos de interés y otras medidas no convencionales como los famosos quantitative easing, están en la mayoría de los casos encaminadas precisamente a controlar el nivel de precios.

A diferencia de otros indicadores macroeconómicos en los que ‘cuanto más, mejor’ (empleo, PIB, confianza, etc…), en el caso de la inflación lo ideal es lograr una tasa de equilibrio. Para la Reserva Federal y el Banco Central Europeo el objetivo es que los precios aumenten cerca de un 2% cada año.

En teoría, una bajada de los tipos de interés (precio del dinero) provoca un aumento de la inflación por varios motivos:

Para una economía no es bueno ni que la inflación sea muy alta ni que sea baja o negativa (deflación). En el segundo caso, una caída progresiva de los precios puede aplazar las decisiones de compra y afectar por tanto al consumo. Los ciudadanos dirían, ¿por qué me voy a comprar un coche ahora si probablemente el año que viene me cueste menos?

El caso contrario es el de una inflación excesiva, que provoca una disminución del poder adquisitivo de los particulares. Con una inflación del 10%, con 10 euros este año me podré comprar 9 barras de pan en vez de las 10 que me podía comprar el año pasado.

Veamos pues los niveles de inflación de algunas regiones del mundo. Lo más destacable es el efecto que está teniendo el desplome del precio de las materias primas en ellos:











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