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Financiación bancaria al sector privado no financiero español ante la crisis sanitaria

Financiación bancaria al sector privado no financiero español ante la crisis sanitaria

La evolución de la financiación bancaria del sector privado no financiero en España ha experimentado un cambio significativo desde la disrupción de la pandemia ante la variación de las condiciones tanto de oferta como de demanda.

Por el lado de la oferta, el deterioro de las perspectivas económicas y el consiguiente aumento de los riesgos de refinanciación se han visto parcialmente contrarrestados por las políticas expansivas del BCE y el Gobierno, dirigidas a evitar un endurecimiento de las condiciones de financiación y a incentivar la concesión de crédito a hogares y empresas. En concreto, la autoridad monetaria europea inició en marzo su Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP) por un importe de 750.000 millones de €, que posteriormente amplió a un total de 1,35 billones de € y prolongó hasta junio de 2021. Al mismo tiempo, el BCE ha introducido nuevos programas de refinanciación con las entidades de contrapartida, y ha relajado los criterios aplicados a las garantías de los préstamos y a los requisitos de capital y liquidez.

A nivel nacional, el Gobierno aprobó en marzo una línea de avales públicos de 100.000 millones de € para préstamos a empresas y autónomos con garantía del Estado a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), incrementada en julio con 40.000 millones de € adicionales.

Estas medidas permitieron a las sociedades no financieras acceder al crédito bancario a menor coste y a un mayor plazo de amortización. Según la Encuesta sobre Préstamos Bancarios (EPB) del Banco de España, entre abril y junio se registró la mayor expansión trimestral de la oferta de crédito a empresas desde el inicio de la serie en 2002.

Por el lado de la demanda, la fuerte expansión de la oferta de crédito empresarial se vio acompañada de un aumento de las necesidades de liquidez de las compañías ante el deterioro no sólo de su actividad sino también de la coyuntura económica nacional e internacional y del mercado laboral.

Una evolución que contrasta con la reducción de la demanda de crédito de particulares, lastrada por las medidas de confinamiento de la población, las peores perspectivas socioeconómicas y el aumento de la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y su impacto en las finanzas de los hogares. Además, a pesar de las moratorias de préstamos introducidas para aliviar la carga financiera de los agentes más afectados por la pandemia, los hogares sufrieron el mayor endurecimiento de los criterios de concesión de préstamos desde la crisis financiera de 2008, especialmente en el segmento de consumo y otros fines.

Así, entre marzo y mayo las nuevas operaciones de crédito a los hogares se desplomaron, registrando una contracción de un 37,3% interanual en las vinculadas a adquisición de vivienda y de un 59,3% interanual en las de consumo. En contraste, el volumen total de financiación bancaria para actividades productivas repuntó significativamente, alcanzando tasas superiores a un 45% interanual tanto en el segmento de empresarios individuales como en el total de préstamos empresariales.

Sin embargo, a partir de junio se observó una convergencia de las nuevas operaciones de crédito entre los distintos segmentos ante la reactivación del consumo y la inversión en vivienda de los hogares, y la reducción de los volúmenes de préstamos a las empresas. Todo ello unido, en el caso de la financiación empresarial, a un mayor dinamismo en los mercados de capitales mediante la emisión de valores de renta fija, tras haber sufrido una significativa contracción al inicio de la crisis sanitaria.

Ante esta evolución, en el primer semestre el peso del crédito a sociedades no financieras y empresarios individuales ascendió a un 42% del total concedido por entidades de depósito al sector privado residente, frente a un 39,9% a cierre de 2019.

Este crecimiento del crédito a actividades productivas estuvo impulsado principalmente por la activación progresiva de los tramos de la línea de avales del ICO a sociedades no financieras y empresarios individuales entre marzo y junio. En este periodo, el saldo vivo del crédito al sector empresarial se incrementó en 36.000 millones de € hasta 499.000 millones de €, de los cuales el importe de las operaciones avaladas por el ICO ascendió a 62.000 millones de €. Esta línea de avales públicos frente al Covid-19 compensó así la variación negativa del stock de crédito asociada al resto de flujos (-27.000 millones de €). Es decir, descontando el programa del ICO, las amortizaciones y traspasos a fallidos superaron las nuevas concesiones de crédito.

 La expansión del crédito de entidades de depósito se concentró especialmente en las ramas de actividad más afectadas por la pandemia, que engloban la industria manufacturera (excepto la alimentación), comercio y reparación de vehículos, transporte y almacenamiento, y hostelería, restauración y ocio. En concreto, en el 2T este conjunto de sectores registró un incremento de un 13,7% intertrimestral, 5,9 pp superior al promedio de sociedades no financieras y empresarios individuales (7,8% intertrimestral). Adicionalmente, destacó especialmente el destinado a empresas de hostelería, restauración y ocio (20% intertrimestral), más afectadas por las medidas de control de la crisis sanitaria.

En este contexto, tras el fuerte aumento de la financiación bancaria destinada a empresas para mitigar el impacto económico de la pandemia, se proyecta que la expansión del crédito se modere significativamente en el segundo semestre de 2020. Un cambio de tendencia que vendrá explicado tanto por el agotamiento de la línea de avales del ICO como por el proceso de amortización neta de la deuda viva que continuarán desarrollando las empresas. 

Continúa el patrón de recuperación heterogéneo en las principales bolsas globales

Los principales índices bursátiles globales han revertido a la baja en el último mes su senda alcista de agosto, manteniéndose el patrón heterogéneo de recuperación de la renta variable ante la diferente evolución de la curva de casos de contagio a nivel nacional y la adopción de nuevas medidas asociadas al control de la pandemia.

En este sentido, en septiembre el índice global MSCI Worldha retrocedido un 3,6%, caída que no se registraba en un mes de septiembre desde 2015. Entre los principales índices globales el mayor retroceso se ha producido en el PSI 20 portugués (-5,4%), superando el descenso del Stoxx 600 en Europa (-1,5%). Por su parte, el S&P 500 (-3,9%), tras lograr su mejor agosto desde 1984, ha registrado su peor septiembre desde 2011.

En contraste, la mayor revalorización se ha producido en el índice IPC de México (+1,7%), en un contexto en el que su banco central Banxico redujo su tipo de interés oficial hasta un 4,25% y el peso mexicano acumuló una depreciación de un 14,4% year-to-date (YTD) frente a la divisa de EEUU, su principal socio comercial.

Ante esta evolución, el índice global MSCI World ha moderado su ganancia de capitalización a cierre del 3T a un 0,4% YTD. Únicamente cuatro bolsas a nivel mundial han acumulado rentabilidades positivas desde comienzos de año: Nasdaq Composite (+24,5%), Kospi surcoreano (+5,9%), Shanghai Composite (+5,5%) y S&P 500 (+4,1%).

En contraste, en Europa, tras los retrocesos de sus principales índices bursátiles en un rango de entre un 1,4% y un 5,4% en septiembre, todos ellos siguen presentando pérdidas en el conjunto del año con un patrón divergente, siendo especialmente significativas las de España (-29,7%), Reino Unido (-22,2%) y Portugal (-22,0%). Por su parte, ha destacado la menor caída del DAX 30 (-3,7% YTD), no sólo ante sus mejores perspectivas de recuperación económica sino también por la mayor diversificación de su composición bursátil. En concreto, predomina especialmente el mayor peso de las compañías de consumo cíclico (21,6% de su capitalización total) y de tecnologías de la información (16,8%), sectores que han ganado protagonismo a raíz de la crisis sanitaria. Asimismo, en el caso de Suiza, el SMI ha moderado su retroceso desde comienzos de año a un 4,0%, apoyado en el elevado peso del sector salud. 

Entre las bolsas emergentes también se ha producido un comportamiento heterogéneo, ampliando el MSCI Emerging Markets sus pérdidas a un2,9% YTD, mostrando la peor evolución el índice Bovespa brasileño (-18,2% YTD). En contraste, el Shanghai Composite (+5,5% YTD), a pesar de la toma de beneficios del mes de septiembre (-5,2%), se ha mantenido como el mejor índice entre las economías emergentes. No obstante, respecto a agosto, la revalorización del índice chino ha sido superada por la del Kospi de Corea del Sur (+5,9% YTD). Un país en el que la rápida actuación para frenar la propagación del virus, así como el elevado gasto en sanidad (40% del PIB), han limitado el impacto económico de la pandemia, al mismo tiempo que su protagonismo tecnológico ha favorecido que los inversores hayan incrementado la exposición a su mercado de renta variable.

Desde un punto de vista sectorial, en septiembre todos los componentes del MSCI World han evolucionado negativamente, destacando el retroceso de energía (-14,2%), en un contexto de incertidumbre sobre la evolución de la demanda de petróleo y gas en los próximos meses. En contraste, las caídas han sido más moderadas en utilities e industria (-0,8% en ambos casos).

En el conjunto del año, se ha consolidado el patrón observado desde la disrupción de la crisis del Covid-19. Así, los sectores de consumo discrecional (+16,7% YTD) y especialmente de tecnologías de la información (+26,6% YTD) han superado ampliamente la evolución del índice global, en una coyuntura de aceleración de tendencias como la digitalización o la inteligencia artificial a raíz de la crisis sanitaria. En terreno negativo, los sectores que han concentrado los mayores retrocesos hasta el 30 de septiembre han sido energía (-47,7%), financiero (-23,1%) e inmobiliario (-14,3%).

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Autor

Economista jefe de Singular Bank. Entre 2013 y 2019 fue Directora del departamento de Economía del Círculo de Empresarios. Es Doctora en Economía por la Universidad San Pablo-CEU. Ha sido coordinadora del área académica de grado y es profesora de grado y de post grado de ESIC Business & Marketing School, donde imparte clases de Teoría Económica y Análisis del Entorno Económico. Ha publicado numerosos artículos en prensa y en diferentes libros sobre cuestiones relacionadas con la sociedad de la información y aspectos sociales de la política económica, entre otros temas. Su ensayo “Europa e Internet” recibió en 2000 el Premio del Instituto de Estudios Europeos, de la Universidad San Pablo-CEU, y Telefónica. Ha sido seleccionada como directiva de la iniciativa “Women to Watch” de PWC y es miembro de su Consejo Asesor.