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Día Internacional Sin Faltas de Ortografía: los textos financieros también deben evitarlas

ortografía

Que el español sea una lengua viva, en permanente actualización, no significa que cualquier expresión sea válida. Una falta ortográfica es igual de grave impresa en un libro que en una conversación de wasap o en un correo electrónico. En este 13 de marzo, Día Internacional Sin Faltas de Ortografía, repasamos los errores que más chirrían, también presentes, por desgracia, en conversaciones y escritos económicos.

Desde aquellas lenguas romances del siglo VIII, punto de partida del idioma de Cervantes, nuestro precioso lenguaje ha seguido transformándose. Se renueva conforme cambia la realidad con nuevas acepciones y neologismos y guarda en un cajón voces que, siendo válidas, caen en desuso.

Difícilmente recordamos aquellos elaborados manuscritos que extendían un mensaje de tinta sobre pulpa de celulosa. Ahora nuestra comunicación viaja precipitadamente, transformada en ceros y unos a lo largo de redes infinitas. La premura ha derrotado al sosiego. Pero dejémonos de nostalgia y actuemos en favor de la corrección lingüística, con más énfasis hoy, 13 de marzo, Día Internacional Sin Faltas de Ortografía.

En tiempos de inmediatez comunicativa y escasa reflexión cobra especial importancia el cuidado de la lengua que nos permite expresarnos en casi medio mundo. En este día sin faltas de ortografía, tan solo queremos promover un respeto básico por nuestro lenguaje, para acabar de una vez con las faltas más frecuentes.

Los errores que más chirrían

La lengua hablada debería tener un sólido soporte escrito. Sin embargo, la escritura diaria tiende a descuidarse en conversaciones informales, cuando no se confía ciegamente en el autocorrector para preservar un lenguaje más o menos presentable.

Los siguientes, quizá, no sean los errores más frecuentes, aunque probablemente estén entre los que más rechinan a los que se preocupan por mantener un lenguaje cuidado.

Formas verbales con trampa

Verbos con hache, be y uve

La hache muda junto con la indistinción fonética uve o be y ye o doble ele llevan a errar en su uso:

A ver o haber: preposición a y verbo ver en infinitivo versus haber en infinitivo. La primera, especialmente para indicar interés por saber algo «A ver cómo va la semana», la segunda impersonal o auxiliar: «Tendría que haber ido al médico» o «Podría haber supervivientes».

Hay, ahí o ¡ay! Respectivamente, conjugación del verbo haber, adverbio de lugar e interjección.

Haya, halla, allá o aya se pronuncian de manera similar, pero su ortografía determina su significado.

Haber con uso impersonal

El verbo haber en uso impersonal no está seguido por un sujeto, sino por un complemento directo. Por tanto, no requiere concordancia con él y permanece siempre en singular: «Habrá muchas personas» o «Había dos oportunidades», por ejemplo.

Gerundio con posterioridad: uso inadecuado

Un gazapo usual es el empleo de un verbo en gerundio para describir una acción posterior a la del verbo principal, como en la oración «Se jugó un buen partido saliendo derrotado el equipo local», que se podría cambiar por otra forma adecuada como «Se jugó un buen partido, que perdió el equipo local». El gerundio solo es apropiado para acciones inmediatas o simultáneas.

¿Segunda persona singular sin «s»?

En todas las conjugaciones la segunda persona del singular añade «s» al final, excepto el pretérito perfecto simple de indicativo: hiciste, viniste, fuiste, dijiste, pediste, etc.

Segunda persona en imperativo

La segunda persona del plural de imperativo termina en «d» (por ejemplo, callad o levantad). Y para añadir el pronombre vosotros se exige cambiar esa -d final por -os (callaos o levantaos).

Sin embargo, idos es la forma aconsejada con el verbo ir. Aunque iros, también muy utilizada, finalmente ha sido autorizada por la Real Academia Española.

Maldita preposición de

¿Deber de como obligación o como suposición?

Utilizar siempre la preposición de detrás del verbo deber es un error habitual. Para expresar una posibilidad o una suposición puede emplearse indistintamente: «deben ser las dos» o «deben de ser las dos». En cambio, si se utiliza para indicar obligación siempre se omite la preposición: «deben venir a las dos».

Dequeísmo y queísmo

Como regla general, la preposición de no puede intercalarse entre el verbo y el objeto directo ni entre el verbo y el sujeto, así ocurre, por ejemplo, en «pensaba que era tarde» o «intentará venir».

Sin embargo, hay verbos que requieren un complemento de régimen (para completar el significado del verbo): acordar(se) de, convencer(se) de, olvidar(se) de, etc.

Para complicar la norma un poco más, existen cinco verbos con los que la preposición de no es obligatoria, pero tampoco incorrecta: informar, avisar, advertir, cuidar y dudar.

¿Adverbio con preposición de o con adjetivo posesivo?

Los adverbios enfrente, encima, dentro, debajo, delante y detrás no deben seguirse de un adjetivo posesivo, sino de la preposición de y un pronombre: «está delante de ella» y no sería correcto «está delante suya».

Pero aquí también hay excepciones. Cuando no es adverbio, sino sustantivo (contra, alrededor, torno, lado) es acertado el uso de posesivos: «en contra suyo», «alrededor mío», «en torno suyo», «al lado tuyo», etc.

Las tildes más quisquillosas

Solo: sin tilde siempre

Según las reglas de Ortografía de la lengua española solo no lleva tilde, sea utilizado como adverbio o como adjetivo, a pesar de que tradicionalmente se tildaba cuando se trataba de un adverbio.

Adjetivos y pronombres demostrativos: siempre sin tilde

Aunque muchos aprendimos que si escribíamos un pronombre demostrativo (este, ese, aquel…) debía añadirse tilde en la primera e, en la Ortografía actual se prescinde de ella siempre.

Por qué, porqué, porque y por que

Esta clásica duda tiene una fácil solución si se diferencia preposición por más interrogativo qué, porqué como sustantivo, porque como conjunción y preposición por más pronombre relativo que. Porqué equivale a motivo, porque equivale a puesto que o dado que.

Escribir y hablar de forma correcta es esencial para que el mensaje se transmita de la forma más certera posible, sin equivocaciones, y para que nuestra lengua perviva como un bello canal que permita nuestra comunicación y la de las próximas generaciones.

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