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Coyuntura actual económica. Semana del 28 de junio al 2 de julio

Coyuntura actual económica. Semana del 28 de junio al 2 de julio

Riesgos a la baja del crecimiento de la economía china

Los principales datos de la coyuntura económica de China han confirmado una ralentización de su senda de crecimiento. Esta pérdida de momentum se ha observado principalmente en la evolución del consumo privado y de la inversión en infraestructuras y empresarial. En concreto, una vez diluido el efecto base generado por la disrupción de la pandemia en el 1T de 2020, en mayo se registró una nueva moderación de la formación bruta de capital por parte de las empresas públicas chinas, con un avance de un 11,8% interanual frente al del mes anterior de un 18,6%. En el caso de la inversión externa, en términos interanuales su crecimiento se mantuvo estable en torno a un 10%, en línea con sus registros del 4T de 2020.  

Todo ello en un entorno en el que se consolidó el menor tono expansivo de la política fiscal, registrándose un incremento del gasto público en términos interanuales de un 7,2% en mayo tras situarse en torno a un 17% en el mismo periodo de 2020, por debajo de su media anual de un 8,3% entre 2018 y 2019. En este sentido, la emisión de bonos de las autoridades locales se realizó a un ritmo inferior al de años anteriores, representando entre los meses de enero y mayo aproximadamente un 32% de su objetivo anual.

A su vez, el consumo privado continuó lastrado no sólo por la incertidumbre asociada a la evolución de la crisis sanitaria ante los rebrotes en áreas de la provincia de Guangdong y de los ingresos de los hogares a futuro, sino también porque podría estar reflejando posibles cambios estructurales en los patrones de consumo generados por la pandemia. Una circunstancia que se une a una recuperación asimétrica del mercado laboral de China ya que, a pesar de retroceder en mayo su tasa de desempleo en 0,1 pp hasta un 5,0% de la población activa urbana, el paro juvenil (menores de 25 años) repuntó ligeramente a un 13,8% (vs. 13,6% en abril).

Esta evolución podría estar mostrando la menor creación de empleo en las actividades de servicios frente a los sectores que han mostrado una mayor resiliencia a la crisis sanitaria como la industria o la construcción, menos enfocados a los perfiles de nuevos licenciados universitarios chinos. De esta forma, en una encuesta realizada el pasado mes de abril por el Servicio Nacional de Estadística de China (NBS) a 90.000 empresas, el 44% de las compañías industriales señalaron como principal problema la dificultad de cubrir los puestos de trabajo vacantes. Un reto al que se une no sólo la incorporación al mercado laboral urbano chino de en torno a 14 millones de trabajadores este año, de los que un 65% serán nuevos licenciados, sino también el objetivo de crear 11 millones de empleos en sus ciudades a lo largo de 2021

Junto estos factores, también el sector exterior de China podría verse afectado a corto plazo por los riesgos asociados a la escasez de suministros de inputs de producción clave, la interrupción de una de las cadenas de terminales de contenedores del puerto de Shenzen y el encarecimiento de las materias primas básicas.

Ante esta coyuntura, el ritmo de crecimiento de la potencia asiática podría moderarse en el conjunto de 2021, situándolo el consenso del mercado en un rango de entre un 8,4% y un 8,8% anual, frente al 8,9%-9,4% anual estimado previamente. Un escenario que si persiste podría llevar al Gobierno chino a introducir nuevos estímulos fiscales a partir del segundo semestre de este año, lo que daría lugar a un nuevo incremento de su nivel de deuda pública.

Escasez de oferta de semiconductores a nivel global

Los precios de las materias primas han mostrado una progresiva senda de recuperación desde el inicio del primer proceso de desescalada en mayo de 2020 en las economías avanzadas, apoyada en la reactivación de la demanda global, las positivas perspectivas a medio plazo y la gradual normalización de los precios de la energía, especialmente en el caso del petróleo. A su vez, el creciente protagonismo de algunas materias primas vinculadas a los planes de recuperación nacionales (transición energética y digitalización) han impulsado su revalorización.

Este encarecimiento de los metales básicos y las materias primas agrícolas, junto con los problemas de suministro de inputs de producción esenciales como los semiconductores y los mayores costes de transporte de mercancías, están provocando elevadas tensiones inflacionistas que se reflejan especialmente en la fuerte tendencia al alza de los precios industriales.

En concreto, en abril el Índice de Precios de Producción (IPP) de la Eurozona repuntó un 7,6% interanual (último dato disponible), su mayor avance desde 2008, explicado tanto por el efecto base derivado del inicio de la pandemia como por el aumento del coste de las materias primas básicas. Por su parte, en mayo en China el IPP creció un 9,0% interanual y en EEUU un 6,6%, su máximo registro desde noviembre de 2010.

En el último año, uno de los factores que está impulsando la subida de los costes de producción es la situación que afronta la industria de semiconductores. Antes de la disrupción de la crisis del covid-19 su evolución estaba condicionada negativamente por las menores ventas del sector del automóvil, la caída de los precios ante el exceso de oferta en segmentos como los de tarjetas de memoria y otros factores asociados a la guerra comercial entre EEUU y China. Así, en 2019 los ingresos del conjunto de esta industria cayeron un 12% respecto al año anterior.

A raíz del inicio de la pandemia, la paralización de la actividad y el cierre de fábricas, especialmente de automóviles, provocó la reducción de la oferta de sus industrias proveedoras, entre ellas la de semiconductores. Paralelamente, la demanda de chips experimentó un fuerte repunte derivado del mayor protagonismo del teletrabajo y la preferencia por vehículos particulares frente al transporte público. Todo ello unido a la acumulación de chips por parte de empresas tecnológicas chinas tras las sanciones de EEUU a Huawei y a las crecientes necesidades de tarjetas gráficas para la validación de transacciones de criptomonedas.

En este entorno, la industria de semiconductores afronta actualmente una escasez de oferta que ha aumentado significativamente el decalaje entre las fechas de las órdenes de pedidos y las de sus entregas a 17 semanas (frente a 12 en octubre de 2019), elevándose en algunos casos hasta 24 semanas.

Una situación que se ha agravado desde comienzos de año debido a factores externos como el temporal de frío y nieve de Texas el pasado mes de febrero y el incendio en una fábrica de chips de Japón en marzo, junto a la negativa situación epidemiológica en Taiwán, tercer mayor productor a nivel global.

Las actuales limitaciones de suministros en la industria de semiconductores están lastrando la producción en sectores clave como la electrónica y los automóviles, especialmente en Europa y EEUU, ocasionando retrasos y cancelaciones de proyectos.

Todo ello en una coyuntura en la que, a pesar de que la economía estadounidense se mantiene como la mayor productora de semiconductores a nivel global concentrando un 47% del total de ingresos, su participación en la industria mundial se ha reducido significativamente en las últimas tres décadas en favor de la región Asia-Pacífico. Según una investigación de SIA (Semiconductor Industry Association) y Boston Consulting Group, la capacidad de fabricación de chips en EEUU ha disminuido de un 37% en 1990 a un 12% en la actualidad.

Ante la escasa diversificación de la cadena de valor de semiconductores, las principales economías europeas han anunciado medidas para reducir su dependencia de las importaciones de Asia y EEUU.

En este sentido, la compañía alemana Bosch ha anunciado la apertura de una fábrica de chips que contará con el apoyo del Gobierno de Alemania. Así, el Ministerio de Economía alemán ha proporcionado en torno a 140 millones de € para la puesta en marcha de la nueva fábrica (de una inversión total de aproximadamente 1.000 millones de €) como parte del programa Proyectos Importantes de Interés Común Europeo (IPCEI). Una iniciativa que contribuirá al objetivo de la UE de producir al menos un 20% de la oferta mundial de semiconductores en 2030. A su vez, Francia e Italia han incluido en sus planes de recuperación nacionales bajo el marco Next Generation UE medidas para impulsar la producción nacional de chips.

En el caso de EEUU, el Senado ha desarrollado una propuesta bipartidista con el objetivo de establecer un crédito fiscal a la inversión para la fabricación nacional de semiconductores. En un entorno marcado por las crecientes preocupaciones sobre la influencia tecnológica de China y la debilidad de las cadenas de suministros, la denominada Ley de Facilitación de Semiconductores Construidos en EEUU (FABS) se uniría a la reciente aprobación de la Ley de Innovación y Competencia (USICA), que incluye 52.000 millones de $ en provisión de fondos para la fabricación, el diseño y la investigación de chips.

Por su parte, también el Gobierno japonés ha iniciado la reflexión sobre cómo impulsar su industria nacional de semiconductores para reforzar su suministro interno dado su menor desarrollo respecto a otras economías de la región Asia-Pacífico como Corea del Sur y Taiwán.

Sin embargo, la ampliación de las capacidades de producción de chips está sujeta a la complejidad de su proceso de fabricación y al elevado plazo para que las nuevas instalaciones estén operativas (más de 2 años). En EEUU, TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) ha comenzado la construcción de una fábrica con técnicas de producción avanzadas en Arizona, con una inversión prevista de 12.000 millones de $, estimando que esté en pleno funcionamiento en 2024. Todo ello en un escenario en el que se prevé que la normalización del suministro mundial de semiconductores no se alcance al menos hasta mediados de 2022.

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Autor

Economista jefe de Singular Bank. Entre 2013 y 2019 fue Directora del departamento de Economía del Círculo de Empresarios. Es Doctora en Economía por la Universidad San Pablo-CEU. Ha sido coordinadora del área académica de grado y es profesora de grado y de post grado de ESIC Business & Marketing School, donde imparte clases de Teoría Económica y Análisis del Entorno Económico. Ha publicado numerosos artículos en prensa y en diferentes libros sobre cuestiones relacionadas con la sociedad de la información y aspectos sociales de la política económica, entre otros temas. Su ensayo “Europa e Internet” recibió en 2000 el Premio del Instituto de Estudios Europeos, de la Universidad San Pablo-CEU, y Telefónica. Ha sido seleccionada como directiva de la iniciativa “Women to Watch” de PWC y es miembro de su Consejo Asesor.