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Ahorrar para heredar, ¿es tan descabellado?

Heredar es algo que seguramente ninguno de nosotros se plantea, puesto que implica en la inmensa mayoría de casos que alguno de nuestros seres queridos nos ha dejado, y nunca es agradable ponerse en esa tesitura, ni siquiera intentar planificarlo o comentarlo, ya que puede dar pie a malas interpretaciones.

Sin embargo, es algo que todos en algún momento nos deberíamos plantear, pues no hacerlo puede suponer que el ahorro de una vida se vea mermado por una enorme factura fiscal.

Para ello, vamos a considerar algunos factores que debemos tener en cuenta cuando pensemos si la mejor forma de traspasar nuestro ahorro no disfrutado es a través de la herencia.

Inseguridad jurídica

Un elemento clave son las normas cambiantes. Los supuestos y condiciones del impuesto de sucesiones son muy dispares entre comunidades autónomas y dependen mucho del signo político del partido que se encuentre en el poder. Por ello, es realmente difícil realizar una planificación en ese sentido, pues será difícil que cuando llegue el momento se mantengan los supuestos sobre los que hemos basado nuestra estrategia.

Sin embargo, hay algunos principios que de momento parecen aceptados por todas las comunidades, y que por tanto nos permiten definir unas reglas básicas de actuación.

Parentesco

Cuanto más directo sea, mejor. El más directo es entre cónyuges, o entre padres e hijos. En esos casos, las bonificaciones en los impuestos son las máximas, y por tanto deberemos estar atentos a ellas.

Reparto

Las bonificaciones se realizan por cada pagador, es decir por aquellos que reciben la herencia, no por el donante. Por ello, una herencia repartida entre dos hermanos supone duplicar las exenciones. Una estrategia que se suele utilizar es intentar maximizar el reparto de la masa hereditaria entre el máximo números de receptores, en función del importe de las bonificaciones.

Por ejemplo, un padre tiene un hijo único y 2 nietos hijos de este. Una forma de reducir la factura fiscal es dividir la herencia entre los 3, el hijo y los nietos, de forma que cada uno dispondrá de su propia reducción y el total a pagar será muy inferior.

Doble tributación

Otro elemento a considerar es dónde desea el donante que acaben sus bienes, puesto que a lo mejor es más óptimo eliminar pasos intermedios. Es decir, si quiere que una casa acabe en manos de su hijo, una opción es que lo reciba directamente el hijo, sin pasar por el cónyuge.

Lo mismo sucedería si se pretende dejar un bien a un nieto. Puede ser una buena opción que la herencia vaya directamente al nieto sin pasar por el hijo.

De lo contrario, se podría pagar dos veces por el mismo bien, la primera en la herencia del cónyuge o del hijo, y la segunda en su herencia respectiva a sus propios hijos en el futuro.

Combinar con donaciones en vida o pactos sucesorios

Los más previsores combinan la planificación de la herencia con otras herramientas que permiten anticipar el modificarlo con anterioridad, y son la donación en vida y los pactos sucesorios.

Como hemos comentado, cada comunidad autónoma es un mundo, y en algunas las donaciones tienen unos tramos bonificados que permiten transmisiones en condiciones ventajosas y en otras no. De todas formas, no viene mal informarse para saber cuál es la situación en nuestra comunidad.

Dónde se paga

Un elemento importante es determinar el criterio de dónde debe pagarse el impuesto de donaciones / sucesiones. Si el donante y receptor residen en la misma comunidad, no hay duda. Pero no siempre es así.

El criterio general es que se deberá liquidar en la Comunidad Autónoma en la que residía el fallecido, independientemente de dónde se encuentren los bienes que vayan a formar parte de la herencia.

Además, para evitar cambios de residencia express para pagar menos impuestos, se tendrá en cuenta dónde se haya residido más tiempo en los últimos 5 años, no vale con cambiarse 3 meses antes.

Situación en otros países

Sin duda, el impuesto de sucesiones es un impuesto muy polémico, pues muchos creen que supone pagar nuevamente por algo por lo que ya se ha tributado.

La realidad es que en muchos países ya se ha eliminado o es muy residual, puesto que los bienes ya tributan en el impuesto de la renta o en las transmisiones.

Algunos expertos indican que es un impuesto que desincentiva el ahorro entre generaciones, mientras que otros lo defienden como una forma de mantener la regresividad del modelo impositivo, de forma que aquellos que tienen más bienes aporten más al sistema en la transmisión de los mismos.

 

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