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¿Son infundadas las críticas a la Unión Bancaria Europea?

¿Son infundadas las críticas a la Unión Bancaria Europea?

A raíz de la mala experiencia durante la crisis y con idea de limitar el impacto de futuras convulsiones en el sistema bancario, en 2012 se empezó a fraguar en Bruselas lo que conocemos como Unión Bancaria.

Esta consta principalmente de 2 pilares que ya se encuentran operativos: el MUS (Mecanismo Único de Supervisión, desde noviembre de 2014) y el MUR (Mecanismo Único de Resolución, desde enero de 2016). Hay un tercer pilar que requiere de más negociaciones y que previsiblemente se implantará en el futuro que será la creación de un Fondo de Garantía de Depósitos comunitario.

En las últimas semanas son muchas las opiniones que están recibiendo el MUR y el MUS acerca de su manera de actuar en las resoluciones de Banco Popular y de Banca Veneto y Popolare di Vicenza en Italia. En ambos casos se les puede achacar críticas a su manera de operar. No obstante, nadie dijo que fuera fácil tomar decisiones en un momento tan delicado como una inminente quiebra bancaria. Tanto la resolución de Banco Popular como la de los bancos italianos creo que se hubiera gestionado incluso peor si hubieran sido los gobiernos nacionales los encargados de dar una solución.

Al MUS se le puede echar en cara que casi todas las entidades de la región (incluida Banco Popular) superaran en su momento las pruebas de estrés y tuvieran un ratio de capital suficiente, y hayan acabado como han acabado. Por lo tanto, este organismo ha quedado un tanto retratado y queda en entredicho de cara al futuro. Ha conseguido que a partir de ahora los stress test que realicen pierdan credibilidad.

El MUR fue creado con el objetivo de gestionar de manera eficiente cualquier quiebra bancaria con costes mínimos para el contribuyente y la economía real. Dentro del MUR, la JUR (Junta Única de Resolución) es responsable final de tomar las decisiones pertinentes. Al final y al cabo, se trata de que los platos rotos los paguen accionista y tenedores de deuda subordinada, y no los clientes y depositantes de los bancos.

En el caso de Popular esta filosofía se cumplió a rajatabla. Los tenedores de deuda subordinada, CoCos y acciones vieron cómo de un día para otro, su inversión valía cero. Además, evitaron el problema que hubiera supuesto que Popular no hubiera podido abrir sus puertas aquel miércoles 7 de junio. Eso sí hubiera sido perjudicial para la confianza de los ciudadanos españoles en el sistema bancario.

En Italia la solución ha requerido de dinero público. El Estado compensará a Intesa Sanpaolo por integrar parte de los activos de estas dos pequeñas entidades. No era la mejor de las opciones, pero no podían simplemente dejar quebrar a dos bancos y perjudicar a sus clientes. En Italia faltó un ‘Santander de turno’ que asumiera la integración de los activos de estas dos entidades insolventes sin pedir nada a cambio.

Otra circunstancia que hace especial la solución adoptada en Italia es que el gobierno italiano no hizo los deberes en su momento y no impulsó medidas para sanear sus bancos. Se decidió dar una patada al problema que tarde o temprano aparecería. En España, se obligó a los bancos a dotar provisiones, se creó la Sareb y se nacionalizó parte del sistema. Gracias a ello, ahora podemos presumir de tener un sistema bancario mucho más sano que el italiano.

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