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Propósito de año nuevo: sanear tus finanzas personales

Propósito de año nuevo: sanear tus finanzas personales

Tener las finanzas personales en orden es uno de los puntos clave de toda economía familiar. Un punto esencial que se fundamenta en primer lugar en comprender qué significa tener las finanzas saneadas. Si pensamos, por ejemplo, que no es tener deudas, nos equivocamos. La inexistencia de deudas, pudiendo ser un punto positivo a priori, no es sinónimo de tener unas finanzas personales saneadas. Puede que no debamos nada hoy, pero encontrarnos con una deuda difícil de hacer frente en el corto plazo. Por el contrario, alguien con deudas puede tener una situación financiera mejor y cumplir los principios básicos de solvencia: que los ingresos superen los gastos y que disponga de recursos suficientes para hacer frente a cualquier contingencia futura.

Este equilibrio financiero es sobre el que pivotaremos nuestras finanzas saneadas y tiene su apoyo en el presupuesto familiar. Por ello, tu primer propósito antes de sanear tus finanzas personales tiene que ser elaborar un presupuesto y hacer un seguimiento continuo. Hacer un presupuesto ahora, si no lo actualizas y lo cumples, no sirve de nada.

Análisis de gastos

En el presupuesto enfrentaremos nuestros ingresos con los gastos y nos dará claramente cuál es nuestra situación financiera. Si es negativa, los gastos superan a los ingresos, tendremos un problema urgente que debemos de solventar. Si es positiva, tampoco debemos bajar la guardia, ya que es fundamental que nos quede mes a mes un margen suficiente, entre el 10%-30% de lo ingresado, para hacer frente a pequeños imprevistos.

Cubiertos los mismos, debemos aparcar todo ese dinero no gastado a un producto de ahorro con liquidez, para que podamos disponer del dinero cuando lo necesitemos con las mínimas penalizaciones, conformando así nuestro fondo para contingencias importantes.

Aunque no nos vamos a extender mucho sobre el presupuesto, si vamos a centrarnos en algo importante: el control de gastos. Mientras que los ingresos, fundamentalmente los recurrentes (nóminas, alquileres, etc.), son fáciles de prever, en todos los gastos no es así, especialmente si no los analizamos. Por ello, debemos separar muy bien entre tres grandes categorías:

  • Los fijos de obligado cumplimiento en los que no se pueden conseguir ahorros (como cuotas de préstamos).
  • Los obligados pero que con una buena gestión puede reducirse su importe (en ellos incluimos servicios como luz, telefonía o alimentación).
  • Los no obligatorios.

Estos últimos, los no obligatorios, son los primeros que debemos ocuparnos de reducir para mejorar nuestra situación financiera, sin olvidarnos de la posibilidad de mejorar la segunda categoría, ya que, al ser gastos obligados, cualquier mejora la veremos mes tras mes.

Analizar y planificar las compras

Por supuesto, no podemos dejar de comer o de vestirnos, pero podemos hacerlo de forma más inteligente. En primer lugar, especialmente en productos fácilmente sustituibles y con costes más moderados, como es el textil, es importante gastar algo de tiempo analizando las mejores ofertas. Internet es un gran aliado. Podemos navegar por diferentes establecimientos y ver donde encontramos los mejores precios para comprar sólo lo que necesitemos y en las mejores condiciones económicas.

En alimentación es algo más complicado. Compramos más productos y lo que es más barato en un sitio puede ser más caro en otro y viceversa, con lo que debemos elegir el mejor establecimiento a nivel global. No sólo eso. Haz una lista de la compra con lo que necesitas. Una vez que todo esto esté en tu carro, considera si puedes darte un capricho y el coste del mismo, pero procura ajustarte lo más posible al presupuesto de alimentación que hayas establecido.

Disminuir la deuda por coste

Con respecto a la deuda, disminuir la misma será beneficioso, pero si no comprometemos nuestros ingresos y que eso tenga un claro efecto en el presupuesto. Por ello, siempre hay que analizar tanto su coste como el resultado en nuestra relación de ingresos y gastos.

Por ejemplo, si tenemos 6.000 euros disponibles para disminuir deuda, será más rentable utilizar los mismos para quitarnos un préstamo personal al 7% que una hipoteca al 1%. Pero no sólo por el coste, también para nuestra tesorería. Estos 6.000 en un préstamo hipotecario puede llevarnos a disminuir unos 15 euros de cuota en una hipoteca de 120.000 euros a 25 años de plazo o acortar unas 6 cuotas su amortización. Mientras en un préstamo personal a 5 años, por ejemplo, el ahorro mensual se multiplica y si lo amortizas totalmente el resultado será acabar cada mes con más dinero en el bolsillo.  

Adecúa a tu realidad familiar y aprovecha tus oportunidades

Las familias son muy distintas. Tenemos singles, con pareja, familias numerosas, etc. También es muy diferente si trabajan los dos miembros de la pareja o alguno está en situación de desempleo.

Un single, por ejemplo, suele tener mejores opciones de control de gasto. No tiene gastos familiares como los derivados por los hijos y puede decidir más cómodamente donde meter la tijera. De hecho, es importante seguir este desequilibrio a rajatabla ya que las fuentes de ingresos suelen ser sólo una. En una pareja es algo más complejo, pero pueden tener la ventaja de dos fuentes de ingresos. Es importante que las decisiones económicas significativas se tomen en común y que ambos hagan seguimiento de su equilibrio financiero.

Las familias numerosas parten con más gastos, muchos de ellos obligados, como más en alimentación, educación, sanidad… pero tener más gastos también supone tener más posibilidades de mejora de los mismos. También este colectivo tiene ciertas ventajas en descuentos que debe aprovechar al máximo. El desempleado sí tiene una situación mucho más compleja, teniendo en cuenta que sus ingresos por prestación pueden finalizar en pocos meses y con ello se puede agravar su situación. Por todo ello, debe recortar al máximo gastos, no sólo pensando en sus ingresos actuales, sino especialmente en las contingencias futuras.

Si tienes equilibrio en el corto plazo, piensa en el largo plazo

Las situaciones en la economía familiar más complicadas son cuando los ingresos no pueden cubrir los gastos. Pero tener solventada nuestra situación no nos debe llevar a bajar la guardia, sino debe ser un aliciente para mejorar a largo plazo. Ya hemos hablado de las ventajas de disminuir deuda, pero también podemos buscar disminuir esos gastos fijos más complejos. Por ejemplo, si tenemos un frigorífico que nos da problemas, no es mal momento para sustituirlo por un producto más eficiente en consumo energético, o para sustituir nuestro sistema de iluminación por otro que consuma mucho menos.

Si podemos actuar en el corto y largo plazo y seguimos nuestro presupuesto de forma continua, sanear tus finanzas personales pasará de ser un proyecto a una realidad con enormes beneficios.

 

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