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La impresión en 3D, ¿burbuja o realidad?

La impresión en 3D, ¿burbuja o realidad?

En esta era de la tecnología, el progreso se produce muy rápidamente. La famosa Ley de Moore (cofundador de Intel, el fabricante de procesadores más importante del mercado) predice que cada dos años se duplica la capacidad de los procesadores, con todo lo que ello implica. Por su parte, la robótica también se está convirtiendo en una tecnología que cambiará el mundo, proporcionando interesantes alternativas para los inversores.

En los últimos años, hay otra tecnología que está dando mucho que hablar, ya que hemos vivido una explosión de la impresión 3D (en tres dimensiones). Pareciera que todo se puede imprimir mediante una impresora de este tipo. Y si esto es así (y cada día se descubren nuevas aplicaciones), implica un gran cambio en la manera de producir multitud de objetos, tanto los cotidianos como otros más específicos.

Algunos expertos incluso se refieren a ella como la nueva revolución industrial, y han surgido numerosas empresas al calor de esta tendencia, dispuestas a aprovechar este boom. Como consecuencia lógica de esto, inversores particulares y fondos de inversión han mostrado un gran interés por las empresas de este sector, de manera que, en algunos casos, han experimentado grandes oscilaciones en su valoración (o en su cotización, en el caso de aquellas cuyas acciones están en los mercados).

¿Qué es la impresión en 3D?

La impresión en 3D consiste en la construcción de objetos sólidos en tres dimensiones mediante la superposición de capas. El proceso puede realizarse por inyección o por fotopolimerización, solidificando diversas capas de un polímero (que inicialmente está en estado líquido).

Esta tecnología lleva casi 15 años en el mercado, si bien ha sido en los últimos cinco cuando ha eclosionado, reduciéndose al mismo tiempo el coste, tanto de las impresoras en sí como del proceso de impresión.

Tanto es así, que hoy en día es posible adquirir una de uso doméstico u ocasional a partir de 300-400 euros, aunque si la queremos un poco más funcional, tendremos que ir alrededor de 800-1.000 euros (o incluso varios miles), dependiendo de aspectos como la velocidad de impresión o la resolución (al igual que sucede en otras impresoras).

Esto, en cuanto a las no profesionales, porque en el ámbito profesional e industrial se pueden encontrar impresoras 3D para casi cualquier cosa que podamos imaginar (muchas de ellas fabricadas a medida o a propósito para determinadas empresas o industrias), cuyos precios, lógicamente, se disparan.

A todo ello hay que añadirle el coste de los consumibles, la “tinta” que usan estas impresoras para crear los elementos en tres dimensiones.

¿Qué se puede imprimir en 3D?

La tecnología de impresión 3D se ha probado ya en un gran número de aplicaciones, tales como:

Objetos de plástico de uso cotidiano: elementos decorativos, menaje, juguetes, platos, cubiertos, jarrones, jaboneras, etcétera; casi cualquier objeto de plástico de uso habitual puede ser fabricado con esta técnica.

Alimentos: ya han salido las primeras impresoras que permiten imprimir alimentos, en un principio para el sector profesional (restaurantes, hoteles, etcétera), aunque también se prevén para el ámbito doméstico, donde algunos las ven como el futuro sustituto del microondas, ya que además de “construir” el plato, también cocinará.

Su funcionamiento es parecido al de una impresora de tinta convencional, se meten los ingredientes (que vienen en unas cápsulas), y la máquina los va inyectando convenientemente para preparar el plato, según la receta.

Vehículos: ya existen impresoras 3D que permiten fabricar un elevado porcentaje de los componentes de un vehículo, de hecho, una empresa estadounidense ha fabricado un coche con un 75% de piezas impresas, aunque espera alcanzar el 90%, con materiales totalmente reciclables. Y sin llegar a estos porcentajes, se está avanzando para que parte de los componentes de los automóviles “normales” se fabriquen a través de este sistema.

Construcción: la impresión en 3D también ha llegado a la construcción. Ya se construyen viviendas enteras mediante este sistema, con una impresora con una “tinta” de hormigón que va inyectando en capas mediante una grúa que gira 360º y que construye la casa (o el módulo) desde dentro), con lo cual se han llegado a fabricar viviendas de unos 40 metros cuadrados en un día, y por un coste inferior a los 300 euros por metro cuadrado.

Medicina: una de las áreas más prometedoras para la impresión en tres dimensiones es la bioimpresión. Se han creado impresoras que permiten imprimir prótesis a medida, huesos, cartílagos e incluso tejidos vivos, inyectando precursores de células (o células madre) para crear músculos o tejido cartilaginoso (por ejemplo, en el caso de una oreja). Aunque es una tecnología que se está probando, las pruebas con ratones parecen bastante prometedoras.

Invertir en impresión 3D

Algunas firmas de inversión señalan que el sector puede llegar a obtener enormes beneficios en los próximos años, si todas estas expectativas se van cumpliendo. No obstante, hay que mantener cierta cautela, ya que invertir en las empresas de este tipo supone confiar en que esta tecnología termine triunfando, y hoy en día todavía no está tan claro.

Las ventas del sector a nivel mundial todavía son de unos pocos miles de millones de dólares, aunque gigantes como HP han decidido también entrar en la batalla, con lo cual los próximos años prometen ser apasionantes.

En cualquier caso, a la hora de invertir conviene tener en cuenta que algunas de las empresas más grandes del sector, como 3D Systems o Stratasys ya han sufrido la burbuja propia de las nuevas tecnologías. Así, por ejemplo, 3D Systems cotiza en la actualidad en el entorno de los 18 dólares por acción, mientras que en 2013 alcanzó los 92. Por su parte, Stratasys ha sufrido un camino parecido, puesto que en la actualidad ronda los 24 euros, y a finales de 2013 alcanzó los 134.

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