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El blog de Self Bank

¿Cuál es el origen de la palabra `bancarrota´?

¿Cuál es el origen de la palabra `bancarrota´?

Para entender el sentido de la palabra nos tenemos que remontar a Italia, al siglo XV, e imaginar cómo se llevaba a cabo el comercio en aquella época. Los comerciantes acudían a las principales plazas de las más importantes ciudades, y allí vendían sus productos, situándolos en un pequeño mostrador, mientras ellos se sentaban en un banco durante la jornada.

¿Qué ocurría si los mercaderes caían en desgracia, sus negocios no iban bien y no podían pagar a sus acreedores? Muy sencillo, que los juzgados de la época decretaban que su banco fuera roto, especialmente en aquellos casos en los que se detectaba mala fe o falta de honradez, alertando así a la gente de que ese comerciante no era de fiar. De ahí el término “banco” “rotto”, que da paso a la palabra que todos conocemos, bancarrota.

Esta costumbre se fue extendiendo a otros países, manteniéndose la pena de romper el banco o derivando en otros castigos, de lo más variopintos. En algunos casos los comerciantes que estafaban eran condenados a galeras (incluso en algunos estados franceses llegó a haber pena de muerte), mientras que en otros se quedaba en un correctivo sonrojante, ya que los comerciantes podían ser perdonados a cambio de enseñar en público, en plena plaza,  esa parte del cuerpo en el que “la espalda pierde su honroso nombre”(sí, el trasero, exactamente), sentándose en una piedra a la vista de todos.

Es cierto que hoy no solemos hablar de bancarrota, sino que usamos otros sinónimos, como quiebra. Pero en cualquier caso, bancarrota o quiebra hacen referencia a aquellos negocios que presentan un fuerte desequilibrio en sus cuentas que hacen que no puedan atender a sus compromisos de pago.

En ocasiones, las situaciones de quiebra o insolvencia pueden llegar a superarse, si los acreedores le dan un voto de confianza a la empresa y llegan con ella a acuerdos para que salgan de su difícil situación. Otras veces, llega en el peor momento un caballero blanco que inyecta dinero en la empresa en apuros, apostando igualmente por su recuperación.

¿Sabes cuáles han sido algunas de las quiebras de empresas más grandes en la historia?

Por supuesto, muchas de ellas han ocurrido en EEUU.

No se puede hablar de quiebras sin mencionar a Lehman Brothers, entidad financiera fundada en 1850 y a la que se dejó caer en 2008 en pleno estallido de la crisis de las hipotecas “basura”;  muchos son los que a día de hoy siguen considerando que la historia de la crisis financiera hubiera sido otra si el gobierno hubiera rescatado a Lehman.

Sonado fue también el caso de Enron, una de las 30 compañías de mayor capitalización de EEUU allá por el año 2000, con presencia en 40 países y  21.000 empleados justo antes de su quiebra. Se descubrió que la compañía maquillaba sus cuentas y que sus ingresos no eran tales, y el escándalo fue mayúsculo.

Similar es la historia de WorldCom, una importantísima empresa de telecomunicaciones, que se declaró en bancarrota en 2002, tras descubrirse otro gran fraude contable, con declaración de millonarios ingresos que nunca existieron. En su caída arrastró a la auditora Arthur Andersen, que daba su visto bueno a las cuentas de la empresa, con acusación de fraude para sus principales ejecutivos.

Más antigua, pero no menos importante, fue la quiebra en 1720 de la Compañía de los Mares del Sur, compañía fundada en 1711 para recaudar dinero para la financiación de la guerra. El gobierno británico, tras verse arruinado por los gastos de la guerra, tuvo la idea de fundar la Compañía; los inversores compraban sus acciones y se comprometían a hacer cargo de gran parte de la  deuda del gobierno, recibiendo como contrapartida el monopolio del comercio de las colonias de América Hispana. Para hacer más atractiva la inversión, el gobierno garantizó un pago perpetuo de intereses a los tenedores de acciones, asegurando cerca del 6% de rentabilidad por acción, lo que atrajo multitud de inversores y multiplicó por 10 el precio de las acciones. La burbuja terminó por estallar, la compañía quebró y muchos inversores con ella. Fue entonces cuando Isaac Newton dijo, sobre sus enormes pérdidas en los Mares del Sur: “Puedo calcular el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”.

¿Y en España?

El sector inmobiliario sufrió especialmente durante la crisis de 2007, y se llevó por delante a muchas empresas. La mayor quiebra de la historia la protagonizó Martín Fadesa, que acumuló tales deudas que prácticamente igualaban el valor de los activos.

Al hablar de quiebra muchos se acuerdan, en parte por la cercanía en el tiempo y porque el capítulo aún no se ha cerrado, de Pescanova, que en 2012 tuvo que dar explicaciones por un agujero patrimonial de más de 1.600 millones de euros y una deuda superior a 3.600 millones de euros. Se imputó a su presidente por estafa y falsedad documental, y a día de hoy Pescanova aún lucha por salir de su complicada situación.

Zinkia, la creadora de Pocoyó, se vio ahogada por su deuda y terminó solicitando  preconcurso de acreedores en 2014.

Al rescate de Bankia tuvo que acudir el gobierno, que se convirtió en el dueño de la entidad. El banco había realizado hacía poco una ambiciosa ampliación de capital, en la que las cuentas no reflejaban la realidad de su situación; la justicia terminó obligando a Bankia a devolver las cantidades invertidas a los inversores a los que no se informó debidamente.

 

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