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Comprando acciones: ¿mejor al contado o con CFDs?

Comprando acciones: ¿mejor al contado o con CFDs?

A la hora de tomar una decisión de inversión basada en nuestra opinión sobre algún activo, muchas veces tenemos variedad de herramientas con las que poder operar. Para saber qué opción es la más apropiada, es importante entender bien los productos.

Por ejemplo, podemos tener la opinión de que el negocio de Telefónica va a crecer más de lo previsto próximamente y por tanto vemos potencial invirtiendo en Telefónica. Pero podemos estar invertidos en Telefónica de muchas maneras: comprando acciones, negociando warrants sobre TEF, mediante futuros, mediante CFDs, etc. Muchas de estas operaciones nos producirán beneficios si la cotización de Telefónica sube.

¿Qué es comprar acciones al contado?

Cuando compramos acciones estamos comprando una pequeña parte proporcional de la propiedad de una empresa. Al comprar acciones pasamos a ser accionistas (propietarios), y se nos otorgan una serie de derechos. Como inversores estamos interesados en que los negocios de las empresas de las que compremos acciones produzcan beneficios y se revaloricen.

En cualquier momento podemos vender nuestras acciones en el mercado secundario al precio que cotice en ese instante. En general nuestro beneficio al comprar acciones de una empresa vendrá determinado por los dividendos que pague la empresa a sus accionistas durante el periodo que tengamos las acciones, más la plusvalía que obtengamos al vender las acciones el día de mañana (la diferencia entre el precio que las compramos y el precio por el que las vendemos).

¿Qué es comprar acciones con derivados como CFD?

Como hemos dicho, ser accionista no es la única forma de beneficiarse de la subida de cotización de una empresa. Mediante derivados podemos invertir de manera que obtendremos beneficios si una empresa se revaloriza. Un CFD (Contrato por Diferencias) es un instrumento de inversión derivado al contado sin vencimiento. Es un contrato entre dos partes que intercambian la diferencia entre el precio de entrada y el de salida referenciado a un subyacente.

Al comprar un CFD realmente no estamos comprando ninguna acción. Es simplemente un contrato con una contraparte referenciado a la evolución de algún activo (pueden ser acciones, pero también índices, materias primas, etc).

Diferencias

Aunque tanto al comprar acciones como al comprar CFDs sobre esas acciones nuestra rentabilidad está ligada a la evolución de la cotización de esas empresas, hay diferencias muy importantes a tener en cuenta.

Titularidad

En primer lugar, al comprar un CFD no se realiza ninguna compra física y por tanto no se pasa a ser titular del producto. Esto implica que no se incurren en pagos en concepto de costes bursátiles, de cámara, de mantenimiento, etc. Igualmente al no ser propietario de la empresa no tendremos derecho a cobrar ningún tipo de dividendo que la empresa reparta entre sus accionistas ni a asistir a la Junta de Accionistas).

Apalancamiento

Los CFDs nos permiten realizar compras con apalancamiento. Esto significa por ejemplo que con 1.000€ podemos replicar la evolución de si hubiésemos comprado 10.000€ de las acciones correspondientes. Aunque en caso de que se produzcan ganancias esto puede hacer mucho más rentable nuestra inversión, también debemos de tener en cuenta que el apalancamiento puede multiplicar también nuestras pérdidas.

Invertir al alza y a la baja

Una de las ventajas de las que disponemos con los derivados es la posibilidad de invertir a la baja, es decir, de obtener beneficios si la cotización del subyacente baja. Este tipo de operaciones aporta muchas opciones y flexibilidad a la hora de estructurar nuestra cartera.

Garantías

Al ser un producto apalancado, se nos exigen unas garantías para abrir y mantener una posición en CFDs. Así como al comprar una acción lo más que podemos perder es el 100% de lo invertido, al comprar un CFD es posible perder más del 100% del dinero invertido debido al apalancamiento.

Ejemplos de usos avanzados de CFDs

La ventaja de los instrumentos derivados son su flexibilidad y las posibilidades que nos ofrecen para construir estrategias sofisticadas de inversión.

Por ejemplo, puede darse el caso de que tenemos una acción en nuestra cartera y pensamos que su cotización puede sufrir un descenso temporal. Sin embargo son unas acciones compradas hace muchos años y su venta nos obligaría a un elevado pago fiscal. Mediante CFDs podemos abrir una posición bajista, de forma que neutralizamos el efecto de una bajada en el precio de las acciones. Esto se llama cubrir una posición en la cartera. Es una forma de contratar una especie de seguro sobre nuestra cartera.

Conclusión

Aunque nos podemos beneficiar de una subida de la cotización de una empresa de muchas maneras, lo más importante es entender bien los productos y las herramientas a nuestra disposición. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes, y su buen uso dependerá de la situación del mercado y de nuestra cartera.

La inversión clásica en acciones puede ser la mejor opción para inversores a largo plazo, pero conocer el uso de derivados puede resultar útil en circunstancias concretas, además de permitir estrategias avanzadas con apalancamiento.

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